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Morfología del diamante: formas, crecimiento y lectura diagnóstica

Esta nota organiza las formas primarias del diamante y define criterios de lectura: qué rasgos soportan una historia de crecimiento, qué rasgos indican modificación por disolución, y dónde comienza la ambigüedad diagnóstica.

Material: Diamante (C) · Dominio: Morfología / Lectura material · Archivo: /materials/diamante · Estado: canónico

Publicado: · Actualizado: · Versión: 1.0.0


1. Definición operativa

En esta nota, “morfología” refiere a la geometría observable del diamante natural (formas externas, aristas, curvaturas, relieves y rasgos de superficie) entendida como resultado de una cadena de procesos: crecimiento, modificación por interacción con el medio y eventuales episodios de disolución. La morfología no describe “calidad”: describe historia.

2. Formas primarias y contexto de crecimiento

El diamante puede presentarse en formas externas asociadas a su crecimiento cristalino. Entre las formas primarias se incluyen hábitos octaédricos, cúbicos y combinaciones entre ambos. La forma externa final depende de condiciones de crecimiento y del balance entre adición de material y estabilidad de las caras.

La identificación de una forma primaria no implica ausencia de modificación. Debe evaluarse si las caras preservan rasgos coherentes con crecimiento o si presentan evidencia de retrabajo posterior.

3. Señales de crecimiento

Rasgos compatibles con crecimiento incluyen aristas definidas, coherencia geométrica entre caras, micro-relieves sistemáticos y continuidad de planos. La lectura debe basarse en conjuntos de señales, no en una apariencia general.

4. Disolución y morfologías modificadas

En ambientes naturales, el diamante puede experimentar disolución parcial y redondeo. La disolución tiende a suavizar aristas, generar curvaturas, producir relieves residuales y modificar la continuidad de las caras. Estos rasgos no son “daño”: son evidencia de proceso.

La disolución puede coexistir con preservación parcial de caras primarias. Por lo tanto, son comunes morfologías híbridas.

5. Morfologías compuestas e historia múltiple

Una misma pieza puede registrar más de un evento. Se observan combinaciones de rasgos de crecimiento preservados con sectores disueltos, superficies reconfiguradas y transiciones abruptas de textura. Estas combinaciones obligan a declarar jerarquía de señales y evitar lecturas únicas forzadas.

6. Lectura diagnóstica y jerarquía

La lectura morfológica se apoya en: (i) coherencia geométrica, (ii) preservación de aristas/caras, (iii) presencia de curvaturas por disolución, y (iv) transiciones de textura entre dominios. El tamaño y el brillo no son variables diagnósticas.

7. Ambigüedad y límites

Existen casos en los que la morfología por sí sola no permite inferir una trayectoria completa. En particular, la disolución parcial y las superficies retrabajadas generan lecturas no unívocas. En esos casos, la ambigüedad debe declararse explícitamente.

8. Implicancias operativas

En evaluación material, la morfología ayuda a segmentar poblaciones, reconocer historias mixtas y reducir incertidumbre. Su valor se realiza cuando se integra con lectura de superficie, observación interna y documentación consistente.

9. Síntesis operativa

La morfología del diamante registra crecimiento y modificación. Leerla de forma reproducible exige trabajar con señales convergentes, jerarquizar evidencia y declarar límites cuando existan.


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